Como -seguramente- sabrán fui a ver la obra 'Nunca he estado en Dublín' del Foro Shakespeare obviamente porque ahí participa Mónica Huarte, así nada más, en especial, porque ella ya tenía varios meses de no pisar el escenario teatral y me encantó verla y disfrutarla en acción... aunque sea en Navidad.
Así es, ya sé que ni siquiera estamos a mitad de año para la "temporada de paz y amor", pero no hace falta, seamos francos, en un par de semanas ya estaremos probando el pan de muerto o checando lo del Grito de Septiembre o, incluso, en una de esas tiendas de autoservicio ya tendrán los adornos de San Valentín... para que "no se te pase".
La comedia de Markos Goikolea nos centra en una reunión familiar, en una cena navideña en donde cada uno sacará a relucir sus propios miedos y mentiras: Luz María (Mónica Huarte) y Javier (Silverio Palacios) esperan reencontrarse con su hija Verónica (Daniela Méndez) luego de tres años sin verla desde que huyó a Alemania, quien llegará con su pareja, pero no es cómo ellos la esperaban. Mientras que Martín (Miguel Tercero), el otro hijo del matrimonio, no ha tenido suerte en el amor y se niega a aceptar que su última relación ya no existe.
Creo que de los puntos más fuertes de esta historia es el inicio, el arranque, cuando, desconocemos la piel de cada uno de los integrantes de la familia y se van descubriendo, tanto para abrir nuevas heridas o que las ya enterradas, florezcan, porque nadie sabe los kilos que trae cargando una persona, más que ella aunque ella aparentemente "viaje ligera".
Tengo que decir que mi momento favorito es, sin duda, cuando Luz María, interpreta una versión delirante de los "Los peces en el río", con su experto spanglish, amo que cante -acompañada del acompañamiento de su esposo- pero más, por las razones por las cuales lo hace: para complacer a su hija, para tratar de estar en paz con ella, para quedar bien con "la nueva integrante de la familia".
Por su parte, siento que el personaje de "mi tocayo" es quien más me envolvió, por lo que está viviendo, cómo lo está pasando, por lo que pasa por su mente, los tonos de voz y las intenciones en sus palabras, muy buen trabajo; aunque los últimos minutos de su personaje, no me encantaron del todo, la verdad, yo los siento cómo "extras".
En general, me gustó, me divertí mucho, pero también observé algunos detalles, que sé que conforme vayan pasando las funciones se irán amalgamando mejor, para que que salga perfecto, pero hay algo que me brinca, y sé que es rollo mío pero lo expondré aquí para que no se me quedé en la garganta.
A mí aún me descoloca el acomodo de la mesa, para ser más específicos, no dejar que algunas sillas den la espalda al público, podría entender el porqué se decidió hacerlo así, pero por más que quería que no me molestara, al inicio, no sentía que tan natural, manejarla como si fuera pintura de "La última cena", me hubiera gustado que en algún momento, alguien las reacomodara para justificar ese "vacío".
Por cierto, si eres un poco "especial" para el olor del humo el cigarro, como yo, no te sientes en las primeras filas, me lo agradecerás. Y me di cuenta que no soy el único, había una chava sentada al lado mío que cuando se iba a prender el 2do cigarro, escuché que dijo: "no lo prendas, no lo prendas".

