Durante los últimos meses —o mejor dicho, años—, he escuchado en demasía la frase "dar contenido". La han manoseado tanto y, hasta ahora, sobajado a tal punto que hoy en día significa crear caos, peleas, levantar la voz y todo lo que conlleve a alterar el orden de la atmósfera.
Según dicen ahora, en especial en los realities, la frase que tanto se presume: "yo sí vengo a dar contenido", lo que verdaderamente quiere decir es: "vengo a mofarme, a aventar bombas, a hacer el ridículo y a gritar porque no tengo otro talento sustentable ni una historia potente que compartir".
Siento que la industria del entretenimiento ha educado al público en la idea de que ver gotas de sangre en el piso y menospreciar al de enfrente es lo interesante y sustancioso. Pero, realmente, ¿esto es lo que quiere ver el público?, ¿lo que realmente necesita? Y hablo específicamente del público mexicano.
Hasta hoy, casi septiembre de 2026, nos siguen vendiendo la idea de que ofrecer contenido es sinónimo de guerra; que si no le das una puñalada por la espalda a tu mejor amigo, eres un verdadero mueble. Eres aburrido. No sirves.
Y tal vez no funciones, pero para el formato de la televisión o plataforma barata. Al menos eso es lo que nos han hecho creer porque venimos de programas basura que sólo buscaban peleas y mostraban la miseria humana. Lo sobresaliente aquí es que, en efecto, quienes están metidos ahí sí son contratados para dar show y para compartir su "vida", pero la forma es lo que divide a un talento como Dalilah Polanco de una simple escandalosa como Niurka. La verdad.
El problema, además, es que la producción se duerme en sus laureles. Es mucho más fácil editar una pelea de tres minutos con música de tensión que construir una narrativa de ingenio, carisma y estrategia. Por eso premian al ruidoso, le dan foco y el público, ya amaestrado, repite: "es que eso sí es contenido".
Si de por sí el mundo está atiborrado de violencia por todos lados, resulta increíble que en un reality show se siga fomentando tanta agresividad. Incluso los "comentadores" ya no lo ocultan y dicen sin tapujos que quieren que la pantalla arda, que ya no quieren ver flores ni halagos.
Lo peor de todo son los efectos que producen estos "productos", a tal grado que existen televidentes que los defienden a capa y espada a alguien a quien ni conoce y de quien no sabe nada de su vida real; un fervor que, irónicamente, no demuestran al defender sus derechos básicos.
Al final, cantar en el baño, ver a una persona pensando en la inmortalidad del cangrejo o mirarla limpiando su recámara también es contenido. Todo radica en el talento creativo para poder producir algo, y no precisamente en la agresividad.
Recordemos que "dar contenido" no es gritar como verdulera, aunque muchas moscas crean que sí.

