Ya es de muchos sabido que "La Casa de los Famosos" no está en sus "mejores" momentos y a escasas horas que haya arrancado "La Granja VIP" me llama la atención si los términos que tanto presumen las dos más grandes televisoras de México no están sobrevaloradísimos porque, en su reparto de esta temporada, casi la mitad, no eran famosos y en su competencia, a la gran mayoría, el término vip, les queda muy grande. Ya se lo "regalan" a cualquiera.
Ambos formatos, donde muchos se devalúan más rápido que una moneda en crisis y su supuesto glamour huele a estiércol ranchero; ya nos los sabemos de memoria, poner a personas para convivir, a hacer retos, crear conflictos, a "vivir la experiencia", y en el mejor de los casos, detalle que la televisora anhela, aunque lo nieguen, que haya "chichis, violencia y sangre", todo sea por el ansiado rating.
Sabemos que ellos son las fichas del juego, esos objetos para entretener a un público que comúnmente confunde el escándalo con el talento, que prefiere escuchar ruido a una conversación un poco más profunda, y entiendo hasta cierto punto, cada quien ve lo que tiene a la mano, disfruta lo que bajo su perspectiva le enriquece y si el brillo cegador del reality le llama la atención, no soy nadie para juzgarlo.
Porque yo también lo he consumido, no como adicción, sé que hay que al final es meramente show y cuando pase el tiempo de dar función habrá otros productos para "consumir"; y no como muchas personas lo hacen, apasionadamente, defendiendo a alguien que ni les conoce y no les interesa su verdadero "fiel apoyo".
Hace casi un siglo fue creado en Europa el acrónimo "VIP" que se ha manoseado tanto y que en la actualidad sobresale para etiquetar servicios exclusivos, zonas reservadas y un trato diferenciado, tanto así que hasta hoy en día, personajes, sí, personajes, como Niurka, Carlos Trejo, "La Bebeshita" o Kuno, presumen serlo. El chiste se cuenta solo.
Habrá que diferenciar lo "popular" del famoso, pero mientras, este último es alguien ampliamente conocido, sobresaliente y recordado por un gran número de personas, aunque esta -al parecer ansiada- "membresía" dista mucho de lo que eran Brianda Deyanara, Ese Pérez, Gema Gaona o Moisés Peñaloza antes de entrar a los "estudios" del Estado de México.
Al parecer el público es el culpable de este circo, porque aplaude el desastre de este llamado "contenido" desde su sillón mientras paga por ver quién grita más fuerte -sin decir absolutamente nada- e incluso gasta su tiempo en "votar", donde al final quien sale o gana es a quien le conviene a la producción o a los altos mandos de la televisora. Por más que lo nieguen es así, tan ridículo creer que los votos se toman -enteramente- en cuenta.
Seamos francos, sí, los dos poseen herramientas para que no puedas dejar de verla, para que te intereses tanto que olvides de las series o películas en tu tu plataforma favorita; no quiero adentrarme cuál es la mejor porque ambas poseen grandes defectos, detalles que son insoportables, elementos que estorban, situaciones forzadas, pero lo que si comparten es la conducción tan básica, qué horror y qué error, ni a cuál "refrito" irle, si a Gatilea o a Mamones.
Y siendo honestos, comparando sólo el inicio de LCDLF con La Granja VIP, esta última sí se ve como de penita ajena, como el hijo no deseado, desde la ambientación, el espacio, los personajes, detalles que dices mejor me lo ahorro. Y en mi caso, obviamente así será.
Tengo que reconocer que hay acciones, dinámicas y decisiones de la producción de cada uno de estos realities que hasta son entretenidos, lo acepto, pero afortunadamente ya no me engancho en las peleas por cualquier tontería, en los llantos que duran mientras la cámara esté encendida y en los reflectores de un zoológico con un libreto que ni a vip llega.


