No sé cuántas horas habré escuchado las decenas de canciones de Timbiriche; seguramente interminables han sido los minutos que habré visto entrevistas y especiales televisivos del grupo; cuántas horas cantando y bailado en sus conciertos; ni idea cuánto tiempo habré leído reportajes y artículos en las decenas de revistas que aparecieron; y lo más personal, cuántos aplausos habré emitido viéndolos en un escenario, ya de manera individual, en especial a Benny Ibarra, Sasha Sökol, Mariana Garza, Thalía y Edith Márquez.
La serie, en palabras de uno de los productores, Pablo Cruz, está "inspirada en eventos reales, una investigación larga, profunda sobre todo lo que todos sabemos qué es Timbiriche, de esto nos inspiramos y creamos una ficción", y para ser franco, es muy contradictorio porque creo que no puedes realizar una exploración "minuciosa" sin preguntarles directamente a los verdaderos protagonistas de "su historia", sin al menos tener un acercamiento con quienes le dieron voz al nombre que ha traspasado generaciones.
Por más que sea sólo un poco de estímulo para crear una historia basada en la realidad, tienes que ir a una de las principales fuentes para recrear una historia que siento que se va a ir por la "tangente" y tratar de lavarse las manos para no tener problemas.
Porque los derechos del nombre los posee Televisa, desde hace más de 40 años, quien sabemos que usa a sus talentos como material desechable, a los intérpretes los exprimieron hasta decir "basta", y ahora, como al parecer no los necesitan más, se ahorraron esas tratamientos con los egos de, al menos, seis personas.

Y me pongo a pensar, qué tan válido es contar una historia de esta manera porque todos las figuras públicas están vivas, qué tan valido podría ser narrar una historia de The Beatles ambientada en el futuro; o la de Menudo donde en vez de hombres fueran mujeres; o la de OV7 si hubieran estado en la Patagonia; o la de ABBA sin hablar de Eurovisión.
Es por eso que se me hace muy ridículo decir que es una historia inspirada en hechos reales, siento que no es ni hacer homenaje a la banda ni a sus protagonistas, es sólo colgarse del nombre y aprovecharse de la nostalgia a lo largo de ocho capítulos.
Entiendo que el nombre per se vende, pero a poco no hubiera sido mejor un documental propositivo o en su defecto, uno ficcionado pero con todos los toques verídicos, para que de esta manera "aprovecharse" pero de una línea fidedigna.
Ya pude ver el primer capítulo y, tal como me lo imaginaba, fue una decepción. La edición es terrible: hay escenas que no aportan nada a la historia, otras están mal actuadas y algunas resultan poco creíbles.
Si de por sí, por querer verse "artísticos", usaron ciertos ángulos que no ayudan, todo se termina de desdibujar con una imagen oscura y lúgubre. Esto resulta contradictorio cuando, en teoría, debería ser una propuesta alegre, dinámica y colorida; sin embargo, todo está perfilado para transmitir lo opuesto.
Lo que me llamó la atención es que, se supone, nos contarían la historia ficticia de esta banda pop para conocer a cada uno de sus protagonistas. Al menos en el primer capítulo esto no sucede: no les importa adentrarse en la vida de Diego o Mariana, sino que se enfocan en mostrarnos la relación que tuvo Sasha con el famoso productor, dejando al espectador sin entender el porqué ni el para qué de esa decisión.
Es un recurso baratísimo y —a pesar del disclaimer publicado— muy vil. Sobre todo porque se conocen de sobra los resultados reales de ese pleito legal. Que Televisa respalde todo lo que esta producción está "inventando" no aporta nada y, al contrario, revictimiza a quien ha alzado la voz de manera puntual.
En cuanto a las actuaciones, creo que el único que sobresale es Osvaldo Benavides: lo percibo muy cercano al personaje real y resulta creíble. Caso contrario al de Alberto Guerra, a quien siempre he considerado un actor sobrevalorado; en los proyectos que ha hecho suele repetir los mismos tonos e intenciones, y parece que aquí no será la excepción.
Este primer episodio deja en claro que la serie apuesta más por el morbo y la polémica barata que por ofrecer una narrativa digna o entretenida. Personalmente no la recomiendo; sin embargo, sé que, (des)afortunadamente, el público la consumirá movido por la nostalgia, el atractivo del catálogo musical y la curiosidad de ver cómo retratan los "desastres" que marcaron a la agrupación.

